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¿La hora de los trabajadores?

En España no ha existido nunca un movimiento obrero realmente potente. Este hecho tiene relación sin duda con la imposibilidad histórica de la burguesía española de realizar su propia revolución, lo que se conoce tópicamente como el “secular atraso español”. Hasta el punto que, paradójicamente, fue el estado franquista quién impulsó económicamente esta revolución con el “desarrollismo” de su fase “tecnócrata” de los años sesenta y setenta a partir del conglomerado productivo creado alrededor del INI y de las grandes empresas públicas (CAMPSA, Telefónica, RENFE…). Sobre el trabajo estable y relativamente cualificado de éstas surgió un combativo movimiento obrero que tuvo un papel determinante durante la transición hacia la monarquía parlamentaria en que vivimos.
Y curiosamente ha sido esta última, con su desarrollo bajo el paraguas del neoliberalismo radical con el que el capital mundial y europeo respondieron a la crisis del petróleo de los setenta, quién dilapidó todo este entramado de empresas públicas con las reconversiones y las privatizaciones sucesivas a cargo tanto del PSOE como del PP. Y de forma paralela, quién desarticuló y domesticó paulatinamente el incipiente movimiento obrero con las sucesivas reformas laborales. A la par que se privatizaban las empresas públicas, los trabajadores más combativos eran prejubilados y sustituidos para realizar las mismas funciones por trabajadores de subcontratas precarios y con salarios muchos más bajos sin posibilidades de organizarse sindicalmente. De esta forma la sociedad española perdió la única herramienta de que disponía para poder avanzar hacia el nivel industrial y tecnológico que la burguesía española nunca fue capaz de conseguir, dejando su poca productiva economía a merced del dinero mundial que buscaba ganancias fáciles El resultado final ha sido el crecimiento especulativo alrededor del ladrillo de la última década y la generalización del trabajo precario, poco cualificado, con remuneración escasa y de muy difícil sindicación.
Y ahora, cuando las recetas neoliberales nos han llevado a la crisis y la economía española está en el punto de mira de los especuladores, la sociedad se queda perpleja y sin capacidad de reacción. Después de 30 años de fascinación neoliberal, la mayoría de los ciudadanos tienen impreso el neoliberalismo como si formara parte de su ADN y aunque les disguste profundamente las medidas exigidas por el FMI y la UE para contentar a los mercados, se ven impelidos a imaginarlas como “lo que es”, como la realidad existente imposible de modificar. Así, la única salida que logran visualizar para la economía española es atraer al dinero, forjándole como sea mayores expectativas de ganancias aún a consta de ellos mismos. Como ha sucedido en la huelga de funcionarios, se critica a los sindicatos por haber tardado tanto en movilizarse para añadir después que no vale la pena ponerse en huelga. Es sorprendente observar como, con este imaginario neoliberal, reaparece de nuevo algo muy viejo en la historia española: el fatalismo y la resignación ante nuestro destino.
Pero sin embargo, en mayor o en menor grado, la respuesta de los trabajadores está empezando a darse. Hasta ahora han sido “los mercados” los únicos que han presionado para salir de la crisis a su conveniencia y desde luego tienen todo el derecho a defender sus intereses. Pero también tienen derecho a defender los suyos los trabajadores, como han empezado a hacer con la huelga de funcionarios y como van a continuar con la huelga general. Y el hecho de que lo hagan, aun cuando no se tenga el éxito que se debiera, es suficiente para que se comience a romper el espejismo neoliberal y a generar la conciencia de que es posible construir otra economía que no obedezca tanto a los intereses de los grandes poseedores de dinero como a los de los trabajadores. Es hora ya de que los trabajadores se movilicen y defiendan sus intereses, porque como concluía Marx cuando analizaba la duración de la jornada laboral en El Capital: “Entre derechos iguales decide la fuerza”.

Manuel del Pino Berenguel.

Secretario Provincial del PCA de Almería.
Almería, 14 de junio de 2010

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