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Profundizar en el estudio del marxismo para construir un PCE fuerte ante la publicación del Manifiesto del Partido Comunista

El PCE lanza una amplia campaña de formación sobre los conceptos fundamentales del marxismo

EDDY SÁNCHEZ IGLESIAS. Secretario de Formación y Debate del PCE. Director de la Fundación de Investigaciones Marxistas. 

manifiestocomunistaLa presente reedición de El Manifiesto Comunista se enmarca dentro de los trabajos que el PCE realiza de cara a la celebración de su XIX Congreso. Con esta nueva edición del clásico de Marx y Engels se inicia un ambicioso camino, que impulsado desde la Fundación de Investigaciones Marxista (FIM), pretende la recuperación de clásicos del pensamiento marxista de cara a una nueva militancia incorporada a nuestro Partido en estos años marcados por la crisis y el conflicto social que vive nuestro país.

El PCE es el partido político anticapitalista con más implantación en todo estado, con una importante presencia en los movimientos sociales, CCOO y en IU, fruto de una militancia proveniente de las diferentes capas trabajadoras y populares de nuestro país. Esta implantación es fruto de una dilatada historia de lucha, pero sobre todo es resultado de nuestro carácter de partido marxista y de clase. Elementos que obligan al Partido a no dejar a la espontaneidad el problema de su composición social y de su trabajo ideológico.

Con la presente introducción se pretende incitar a la lectura de esta obra, considerada por muchos, como uno de los mayores exponentes del pensamiento político de todos los tiempos. Para lograr este objetivo, la introducción versará sobre el contenido concreto de la obra, partiendo de una explicación del momento histórico en la que se inserta, para pasar a abordar el núcleo fundamental del Manifiesto y concluir con uno comentarios finales.

El presente libro debe complementarse con los diferentes cuadernos de formación de introducción al marxismo y videos de apoyo que la FIM, en colaboración con la Secretaría de formación y debate del PCE y la Secretaría de comunicación, ponen a disposición de nuestra militancia, simpatizantes y activistas en general.

Estamos ante una de las mayores tareas formativas realizadas por nuestro Partido en décadas, al servicio de la difusión del pensamiento marxista dentro de la mayoría social trabajadora de nuestro país. Han sido dos años de trabajo intenso, que deben agradecerse a muchos y a muchas compañeras, pero que hubiese sido imposible sin la dedicación, el trabajo y la pasión de nuestros camaradas Carlos González Penalva y Francisco Erice Sebares. Trabajo que quiero dedicar al camarada Francisco Fernández Buey, el cual participó en la revisión del material de nuestros cuadernos de formación.

1. El contexto histórico y político en el que se escribe El Manifiesto Comunista

El Manifiesto se escribe en un momento de transición dentro del capitalismo, caracterizado por el progresivo paso del capitalismo concurrencial, de taller y de base artesanal y comercial hacia un capitalismo de base industrial, de base fabril y que trae la consolidación definitiva de la burguesía industrial como clase hegemónica en los países centrales de Europa y el ascenso del proletariado y del trabajo asalariado en sustitución del artesano urbano. Estamos por tanto ante un periodo convulso, antesala del periodo revolucionario que se abre con las revoluciones de 1848 y que llega hasta la Comuna de París en 1871 y la posterior aparición de los grandes partidos obreros de masas.
En la primavera de 1847 Karl Marx y Frederick Engels se encontraban exiliados en Bruselas. Por aquellos años Alemania contaba con una base industrial escasa y un proletariado pequeño, que marcaban un fuerte retraso político respecto del potente movimiento socialista francés o de las transformaciones sociales económicas que vivía Gran Bretaña al calor de la Revolución industrial. Expulsados de Alemania Engels marcha a Inglaterra y Marx a Francia, de la que es expulsado en 1845, huyendo a Bélgica.

Si seguimos los comentarios del historiador británico Hobsbawm, en ese año ambos jóvenes se afilian a la llamada Liga de los Justos (Bund der Gerechten), rama de la anterior Liga de los Proscritos (Bund der Geächteten) organización revolucionaria formada por exiliados alemanes en Francia al calor de la Revolución de 1830, muy influida por el pensamiento republicano radical proveniente de la Revolución francesa, formada principalmente por obreros artesanos de ideología adscrita a las distintas corrientes del socialismo utópico e incluso el anarquismo, que inicia un proceso de clarificación que lleva a su reorganización que concluirá en verano de 1847, con la adopción del nombre de Liga de los Comunistas (Bund der Kommunisten), que decide encargar a Marx y a Engels la redacción de un nuevo Manifiesto de la organización, El Manifiesto del Partido Comunista.

El Manifiesto Comunista fue escrito entre verano de 1847 y enero de 1848, apenas un mes antes de la Revolución de 1848 que derroca en Francia a Luis Felipe de Orleáns, que desata una ola de revoluciones en gran parte del continente. Luis Felipe era conocido como el “Rey Burgués”, el cual llegó al poder gracias a la Revolución de 1830, derrocando a la Monarquía absoluta e instaurando una monarquía parlamentaria que supone la consolidación de la burguesía comercial como clase dominante, la cual establece un pacto con la vieja aristocracia que establece un marco super-estrructural estrecho para las necesidades de expansión del capitalismo industrial, y que suponía a su vez, un obstáculo a las demandas de la poderosa clase obrera de base artesanal. Periodo por tanto clave que se puede caracterizar de la siguiente forma:

– A nivel político, el final de la monarquía constitucional y el inicio del estado republicano francés en 1848, corresponde con el ascenso definitivo de la burguesía industrial, la cual traza una alianza con la burguesía comercial de Marsella y con los estratos medios y sectores financieros de la potente burguesía parisina, suponiendo el definitivo declive de la aris- tocracia rentista urbana y de la aristocracia rural. Nuevo régimen que se centrará en el impulso pleno a las relaciones de producción capitalistas dentro de la creación de un nuevo estado de base republicano.

– A nivel económico, supone la progresiva sustitución de capitalismo con- currencial, que tenía en el taller su unidad productiva principal y en el artesanado su organización del trabajo fundamental. Etapa larga y conflictiva hacia un capitalismo industrial, que tiene en la fábrica su base material fundamental y en la definitiva formación de una división capitalista del trabajo basado en el uso generalizado de las máquinas y la aparición del trabajador industrial. Con esta fase aparece la manufactura como el eje central del moderno capitalismo industrial.

– A nivel social, las sociedades europeas desarrolladas se enfrentan a la progresiva sustitución del trabajo artesanal, donde el proceso de trabajo se identifica con la sucesión y la conexión de las fases de todo el trabajo realizado por cada artesano; por la aparición de la manufactura y las le- yes técnicas que presiden la descomposición y recomposición del trabajo impuestas al obrero industrial de forma autoritaria por el capitalista, ya con pleno control sobre el proceso de trabajo dentro de la fábrica (Panzieri et al., 1974). Periodo traumático y conflictivo que supone la progresiva desaparición del artesano por una cada vez más numerosa clase obrera de base fabril.

Contexto que supone el final de la insurrección como mecanismo polí- tico principal por parte de la clase obrera artesanal, y la lenta sustitución por la acción política organizada y la acción sindical de base industrial. Las condiciones sociales y políticas que habían dado lugar a las ideologías premarxianas habían llegado a su límite en la década de los cuarenta del siglo XIX. Se habían sentado las bases para lo que después se conocería como socialismo “científico” (Hobsbawm, 1979).

2. El análisis de la sociedad capitalista. El “núcleo” central de El Manifiesto

Estamos ante una obra de coyuntura, lo que llevó a sus propios autores a contextualizar El Manifiesto en cada prólogo de sus diferentes reediciones. En el prólogo a la edición inglesa de 1888, Marx y Engels precisan bien el núcleo central de la presente obra:

“Esta idea consiste en lo siguiente: que en toda época histórica el modo de producción e intercambios económicos y la articulación social que de él se sigue constituye necesariamente el fundamento sobre el cual se constituye la historia política e intelectual de ésta época”.

En este pequeño pasaje encontramos la primera idea central del Manifiesto y de toda la obra de Marx y Engels, el modo de producción sirve de base a la forma de organizar la vida política y cultural de una sociedad. Estamos ante los primeros esbozos, continuadores de La sagrada familia (1845), de la concepción materialista de la historia de Marx y Engels, si bien esa determinación entre la base material y la superestructura jurídica e ideológica aparece más matizada en su obra posterior. Es por tanto el estudio del modo de producción capitalista y de la sociedad burguesa que se deriva de éste, el núcleo central del Manifiesto.

En segundo lugar, el Manifiesto afirma que la sociedad capitalista tiende a dividirse en dos clases únicas, la capitalista y la proletaria. De esta forma en la primera parte de la obra los autores afirman:

“Toda historia de la sociedad humana, hasta el día, es una historia de luchas de clases. Libres y esclavos, patricios y plebeyos, barones y siervos de gleba, maestros y oficiales; en una palabra, opresores y oprimidos, frente a frente siempre, empeñados en una lucha ininterrumpida, velada unas veces, y otras franca y abierta, en una lucha que conduce en cada etapa a la transformación revolucionaria de todo el régimen social o al exterminio de ambas clases beligerantes”.

En la obra se nos presenta un aspecto esencial de la concepción marxista de las clases sociales, entendidas como un conjunto de individuos definidos por su relación con los medios de producción, y no por su renta o capacidad de consumo. Concepción de clases sociales correspondiente al marco metodológico utilizado por Marx, el cual parte de la abstracción a la concreción. La existencia de dos clases sociales tiene que ver con esa “abstracción” que permite a Marx a analizar el capitalismo a través de sus dos clases sociales fundamentales. Al analizar en sus escritos la situación política francesa El dieciocho de Brumario de Luis Bonaparte (1852) o La guerra civil en Francia (1871) Marx aborda el estudio de las clases sociales desde su “concreción”, identificando las diferentes clases sociales protagonistas del conflicto social dentro del capitalismo concreto de la Francia de la época.

Pero al igual que en los aspectos de la superestructura que influyen en la base económica, que en el Manifiesto se identifican con el descubrimiento de América o la colonización de África, en el estudio de las clases sociales, aparecen también en la obra elementos importantes para los comunistas que luchamos en esta segunda década del Siglo XXI, me refiero al papel de las capas medias. En el Manifiesto los autores se sirven del término Stand (estamento) y no Klasse (clase) cuando habla de la posición de los grupos de la sociedad feudal organizada en estamentos, o la posición de los grupos de la sociedad burguesa, que no son burgueses ni proletarios, es decir, que no son clases económicas fundamentales (Maguire, 1984). Análisis de la evolución de los “estamentos intermedios”, como elemento clave para la definición de la política de alianzas de la clase obrera.

Como tercer aspecto cabe destacar que en el Manifiesto aparece otro de los conceptos fundamentales del pensamiento de Marx, la perspectiva instrumentalista del Estado dentro de la sociedad burguesa, derivada de uno de los pasajes más famosos del Manifiesto:

“por fin conquista para sí la burguesía, en el moderno Estado representativo, el predominio político exclusivo, a partir del establecimiento de la industria moderna y del mercado mundial. El gobierno del Estado moderno no es más que una junta que administra los negocios comunes de toda la clase burguesa”.

Perspectiva que analiza las vinculaciones entre la clase dominante y el Estado, donde la burguesía hace uso del Estado como “instrumento” para el dominio de la sociedad en virtud del poder económico y del control de los medios de producción que dicha clase detenta dentro del capitalismo. El Estado por tanto representa los intereses de clase, interpretación que marca para Marx la dependencia de lo político (el Estado) respecto de la sociedad (las clases sociales), consecuencia lógica de las necesidades de concentración política resultantes del proceso de concentración económica que se da dentro del capitalismo estudiado en el Manifiesto.

El control de los medios de producción le otorga a la burguesía el predominio político y cultural de la sociedad, que se sirve del Estado para su perpetuación, lo que lleva al proletariado a la necesidad de la lucha política. Aparece por tanto la toma del poder como el máximo objetivo del proletariado, que requiere de la independencia política de la clase obrera por medio de la formación de sus propios partidos políticos:

“Esta organización de los proletarios como clase, que tanto vale decir como partido político”.

La derrota de la Revolución de 1830 y de las posteriores insurrecciones populares llevan a Marx y a Engels abordar la necesidad de la lucha política desde una óptica de clase, no subordinada a la burguesía. Para los autores la burguesía en su fase revolucionaria había encabezado la lucha contra la aniquilación del orden feudal, pero con su ascenso definitivo como clase dominante, se convertía en obstáculo para el avance hacia una sociedad superior. Correspondía por tanto a una nueva clase, el proletariado, el asumir una nueva lucha política superadora del capitalismo, objetivo para el cual se debía constituir como sujeto político autónomo a través de la lucha política organizada.

Encontramos en este esquema el cuarto aspecto a destacar en el Manifiesto, los elementos básicos y apenas desarrollados de una concepción de Marx y Engels del partido político. Para los autores no se puede actuar como clase más que constituyéndose el proletariado en partido político independiente, aspecto relacionado con la dependencia de lo político respecto de lo social analizado anteriormente. Nos encontramos por tanto ante un momento de ruptura dentro de la lucha de la clase obrera, al marcar Marx y Engels la preponderancia de la lucha política (toma del poder) sobre la lucha económica (sindical). Para los autores la lucha económica se conecta con la lucha política, que aparece como el nivel superior de conciencia del proletariado, lo que marca una ruptura con las tradiciones anarquistas y premarxistas del movimiento obrero.

3. A modo de conclusión

El Manifiesto del Partido Comunista, es un documento para un deter- minado tiempo histórico. El Manifiesto describe el ascenso de la burguesía y de la transición hacia un capitalismo industrial pleno. Durante el texto, y de una forma en ocasiones premonitoria, se nos describe la formación de un capitalismo mundial, en expansión, que impulsa una división del trabajo sustentada en la manufactura, la mecanización y el trabajo asalariado de base fabril, sustentado en un Estado moderno y en una sociedad formada por clases sociales antagónicas, pero en la que aparecen también capas intermedias entre las clases sociales fundamentales. Aspectos todos que aparecen ante nosotros como algo “contemporáneo”.

A pesar de lo anterior, es importante tener en cuenta que el Manifiesto corresponde a una fase inmadura del pensamiento de Marx y de Engels. En la obra no se hace referencia alguna a la teoría de la plusvalía, aspecto esencial en el pensamiento de Marx, teoría que explica el origen del beneficio capitalista y de la acumulación del capital industrial, cuestiones esenciales para comprender el funcionamiento de la economía capitalista.

Esta ausencia del concepto de plusvalía en el Manifiesto tiene que ver con el escaso interés que para Marx tenía en aquellos momentos el estudio de la economía, que le llevaba a tener un planteamiento “ricardiano” del origen del beneficio y que explica la concepción del Manifiestode un obrero que vende su mano de obra, a la venta de la fuerza de trabajo estudiada en El Capital. No es hasta 1849, cuando un Marx expulsado de Bélgica llega a Inglaterra, y de la mano de Engels, conoce de primera mano el capitalismo más desarrollado del mundo, el inglés.

Después de todo lo expuesto, caben señalar cuatro aspectos fundamentales de la obra:

– El capitalismo nos aparece como una realidad histórica, concreta, como una fase en la historia de la humanidad, y no como el final de la historia.

– El capitalismo es un modo de producción en continua expansión. El Manifiesto nos expone de manera brillante, las tendencias históricas a largo plazo del capitalismo, esenciales para el análisis de su momento histórico concreto. Algo de lo que tomaría buena cuenta décadas después Lenin en su estudio de las transformaciones del capitalismo hacia su fase monopolista y la aparición del Imperialismo como una nueva fase del capitalismo.

Pocos textos tienen el “poder literario” del Manifiesto Comunista, el cual reside en que la obra no se escribe “para sí mismo” sino para el nuevo sujeto político al que se quiere dirigir, el proletariado. En este sentido es importante “saber cuál es la relación entre el texto y el espacio de la práctica política que dibuja” (Althusser, 2004: 59). El Manifiesto Comunista es un texto que se posiciona y toma partido, que tiene toda la “fuerza de un escritor al servicio de su causa por la que toma partido” (2004: 60), que entiende la coyuntura en términos de conflicto de fuerzas, y que exige “ser escrito bajo formas literarias nuevas”, la superación de la forma de tratado por la forma de manifiesto.

La división de la sociedad en clases antagónicas nos lleva a una conclusión fundamental: la política es el elemento central de El Manifiesto Comunista. El cambio histórico lo consigue el hombre construyendo su propia historia, lo que nos permite afirmar que el Manifiesto no es una obra de la que se pueda extraer un contenido determinista. El cambio histórico a través de la praxis revolucionaria y la acción colectiva forman parte de ese núcleo central, compromiso con la política que distingue al pensamiento marxista del anarquismo, y que encierra un planteamiento político nuevo, rupturista con el socialismo antiguo o más conocido como utópico.

“Estudiar el marxismo para un partido fuerte”. Presentación de política de formación del PCE

 

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