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Thomas Sankara, el “Che africano”

En 2012 se cumplieron 25 años de su asesinato

Thomas Sankara, el “Che africano” Fue presidente de Burkina Faso entre 1983 y 1987

David Santirso Ruiz /Mundo Obrero23/01/2013

“Mejor dar un paso con el pueblo que dar diez sin el pueblo” era una de sus máximas

“El capitán Sankara vino a dar una nueva visión en la manera de gestionar los asuntos de estado. Eso llevó a cambiar el nombre del país, de Alto Volta a Burkina Faso, que significa país de hombres íntegros”. De esta manera dibuja Georges Compaoré, miembro de ATTAC Burkina Faso, al que fue conocido por muchos como “el Che africano”, Thomas Sankara, presidente entre 1983 y 1987 de Burkina Faso.

El pasado 2012, se cumplieron 25 años de su asesinato. Figura clave en el desarrollo de una creciente conciencia panafricanista y antiimperialista y formándose, durante su estancia en Madagascar, con las obras de Marx y Lenin, que influirían profundamente en su pensamiento, así como en las obras de otras figuras revolucionarias de la historia, muchas de ellas, contemporáneas suyas, como Mandela, Ghandi o Fidel Castro, Thomas Sankara entraría en la historia, no solo africana, sino mundial, como uno de los máximos exponentes de la lucha contra el colonialismo y la explotación de los trabajadores, si bien, su figura es hoy poco más que desconocida fuera de las fronteras del continente africano.

Si bien era militar y participó del conflicto entre su país y Mali, donde comenzaría a ganar notoriedad, posteriormente combatiría de manera acérrima todo tipo de conflicto bélico, que tildaba de “injusto e inútil”. Pocos años después, junto con otro grupo de oficiales, formaría la Agrupación de Oficiales Comunistas, donde afianzaría sus posicionamientos políticos junto con otros mandos, entre los que se encontraría Blaise Compaoré, compañero durante la revolución, que, posteriormente, participaría en el golpe de estado que acabaría con la vida de Sankara y que le auparía al poder hasta el día de hoy. Ha día de hoy la muerte de Sankara aun no ha sido esclarecida, al no haber acusación contra ninguno de los miembros que orquestaron el golpe de Estado, a pesar de las exigencias que la ONU ha hecho al gobierno burkinés que en 2006 condenaría al gobierno burkinés por su negativa a aclarar y buscar a los responsables del magnicidio.

Dado su creciente popularidad entre la población, el gobierno del dictador Saye Zerbo le nombraría Secretario general de información en 1981, si bien, un año más tarde dejaría su cargo tras declarar públicamente que no participaría de un gobierno antiobrero, finalizando su alocución con un “¡Desgracia a quienes amordazan al pueblo!”. Poco después un nuevo golpe de estado derribaría el gobierno y el nuevo jefe de estado. Jean-Baptiste Ouédraogo promocionaría de nuevo a Sankara que llegaría incluso a ser primer ministro, cargo que solo desempeñaría 4 meses, dado que junto con otros oficiales afines, serían arrestados y puestos bajo arresto domiciliario, tras la visita del asesor de asuntos africanos del gobierno francés, Jean-Christophe Mitterrand, hijo del presidente francés, cuya figura volvería a aparecer en escena más adelante, durante el sangriento golpe de estado que acabaría con el gobierno y la vida de Sankara. Poco después, Compaoré, quién años más tarde acabaría con su gobierno, daría un golpe de estado contra el gobierno títere de Zerbo, nombrando a Sankara presidente.

Las referencias que Sankara tuvo para el desempeño de sus políticas, estarían claras desde el primer momento. Así decía en 1984 en uno de sus discursos: “Nuestra revolución en Burkina Faso se basa en la totalidad de las experiencias del hombre desde el primer aliento de la humanidad. Queremos ser los herederos de todas las revoluciones del mundo, de todas las luchas de liberación de los pueblos del tercer mundo. Sacamos las lecciones de la Revolución estadounidense, La Revolución francesa nos enseñó los derechos del hombre. La gran Revolución de Octubre trajo la victoria al proletariado e hizo posible la realización de los sueños de justicia de la Comuna de París.” De esta manera, comenzaba un gobierno breve, pero que en menos de 5 años lograrían grandes avances en los derechos individuales y colectivos de todos los trabajadores de Burkina Faso, así como de la emancipación de la mujer.

De entre todas sus medidas, destacarían la lucha por la soberanía alimentaria, como base para derrotar al colonialismo, que no solo aferraba sus garras en el control político directo, sino también a través del económico. De hecho ello revertiría a su vez en políticas de reforestación de bosques, reparto equitativo de tierras entre no propietarios, evitando el monopolio de grandes empresas transnacionales, centrando sus esfuerzos en acabar con la grave crisis alimentaria y la desnutrición infantil. Todo ello sentaría las bases de lo que, un año después de llegar al poder, sería renombrado como Burkina Faso, el país de los hombres íntegros. Ahondaría en reformas fomentando la educación y sanidad gratuita y de calidad para todos (fue el primer gobierno africano en reconocer el SIDA como una amenaza para África, creando campañas de vacunación para niños), luchando contra el analfabetismo y sería uno de los primeros y máximos exponentes de la defensa de los derechos de la mujer en África, algo de lo que hablan medidas tales como la abolición de la ablación del clítoris, el matrimonio forzado y la poligamia, como bien diría en uno de sus discursos:”la revolución y la liberación de la mujer van unidas. No hablamos de la emancipación de la mujer como un acto de caridad o por una oleada de compasión humana, es una necesidad básica para el triunfo de la revolución. Las mujeres ocupan la otra mitad del cielo”. Parejas a estas medidas, también profundizaría aun más en su “revolución democrática y popular” con la abolición de los privilegios de los que habían gozado hasta entonces los caciques de las élites tribales. También se declaró en contra de que los países africanos pagasen la deuda ilegítima que el colonialismo había impuesto en el continente africano. Ello derivaría también en medidas para luchar contra la corrupción interna, red de intereses tejida por la burguesía que había monopolizado el poder como meros títeres del programa imperialista que hasta el momento no cejaba en su voluntad de saquear el continente africano. A su vez, reduciría el sueldo de todos los cargos públicos y el suyo mismo, así como las prestaciones de sus ministros, en la búsqueda de que su gobierno se ajustase a la realidad socio-económica de los burkineses y estos se viesen reflejados en él como iguales.

Precisamente todo este conglomerado de medidas, rápidas y efectivas para la consecución de mayores derechos para los burkineses y su calidad de vida, serían las causantes de su muerte. El rechazo de las fuerzas capitalistas, entre ellas Francia y demás potencias europeas, junto con otros gobiernos dictatoriales africanos, y de gran parte de la corrupta burguesía del país, hicieron que la figura de Blaise Compaoré volviese a saltar a la palestra. Junto con varios golpistas más, Compaeré daría un golpe de estado contra la cúpula del gobierno de Sankara, que daría como resultado el asesinato de éste último y 12 de sus colaboradores en 1987, frenando en seco todas las reformas en las que estaba inmerso al país y quedando Compaoré como Jefe de Estado hasta el día de hoy.

A pesar de su asesinato y su breve gobierno, la obra de Sankara aun sigue viva en la memoria de muchos africanos, pero también en la de muchos que creen en sus ideales y que ven en las que fueron sus ideas una vía de escape ante el capitalismo feroz al que nos enfrentamos hoy en día.

“Llaman provocación a las verdades que nosotros proclamamos, mientras que las mentiras que ellos cuentan se convierten en verdades absolutas. Nuestra lucha por la independencia y el bienestar de nuestros pueblos es tachada de insumisión, y el saqueo que ellos hacen de nuestras riquezas se llama obra civilizadora. Así escriben ellos la historia, y así se la aprende la mayor parte de la Humanidad. Por eso yo prefiero sentir a mí lado al Che antes que a cualquiera de ellos”.
Thomas Sankara

 

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